¿Y la cuarentena para cuándo?

Foto: tomada de WhatsApp. Avenida Alameda Reyes, Quibdó. Lunes 13 de abril de 2020. Apenas ayer escribí sobre el asunto de la confirmación del primer caso de Covid-19 en Quibdó. Fue un llamado desenfrenado desde el alma a que le pongamos atención a lo que implica para nosotros esta situación. No escribo como autoridad, funcionaria, experta o ninguna etiqueta, porque afortunadamente estoy emprendiendo un camino para liberarme de muchas de ellas (y acumulado bastantes, algunas no tan decorosas que me ganó, imagino que a pulso, pero ni sé bien porqué) . Escribo porque me nace, escribo como ciudadana, habitante de esta región a la que pertenezco por derecho de nacimiento, tanto como por elección, pues decidí quedarme aquí, haciendo uso del privilegio de tener esa opción. Entonces, apenas ayer escribí sobre el tema, desde la preocupación, desde el miedo, desde la conciencia de la gravedad de lo que está pasando, tanto por la presencia del virus, como por la capacidad de respuesta del departamento frente a él, como por la actitud de la ciudadanía, pues desde mi balcón veo el constante ir y venir de motos, personas caminando, niñas y niños jugando en la calle. Pero unas pocas horas de ese llamado desesperado, muy al estilo de los que saludan a los días, meses y años con un ¡sorpréndeme!, me embistió una foto de este lunes… ¿Pero qué rayos le pasó al lunes? (Me permito usar esta referencia, que me apropio del mundo del cine). El lunes me embistió con la sorpresa de ver a un medio Quibdó en la calle, en la avenida alameda, la ya casi eterna...

Covid -19 en Quibdó. Nos llegó la hora.  

Se confirma el primer caso de Covid-19 en el Chocó y el virus llegó dando un fuerte aviso, así tal cual como lo hace en el cuerpo humano: si las defensas están bajas, con mayor facilidad se enferma. Y bien, la primera paciente confirmada con Covid -19 pertenece al nivel asistencial del hospital San Francisco de Asís, de Quibdó. Tan solo con escribir estas palabras, el miedo me recorre el cuerpo entero, como un frío que viaja por mis venas en vez de sangre. ¡Precisamente ahí, en el Hospital San Francisco! Con lo que una vez más queda en evidencia el peligro que representa ese hospital en el Chocó. ¡Es un foco de infecciones! No puedo dejar de pensar en la “noche oscura del alma” que padecí hace un año allí, a raíz del mal diagnóstico y tratamiento dado a mi caso, por el cual resulté internada con una apendicitis que se complicó y al final intervenida por peritonitis. ¡Casi nada funciona como debe ser en ese lugar! Estar ahí es paradójicamente otro riesgo. No niego que con lo que pueden logran también salvar vidas, ¡pero cuántas se pierden! El precio que pagamos como sociedad por un sistema enfermo es muy alto. La mujer que dio positivo en el primer caso confirmado en el Chocó puede que no sea la paciente cero. Por ahora, las autoridades han dicho que iniciaron las investigaciones para rastrear la posible ruta de contagio. Como parte del equipo del nivel asistencial del hospital, hay que recorrer los pasos de la ahora paciente, es decir, hay que rastrear a los pacientes a quienes haya atendido...

¡De milagro estoy viva! Mi viacrucis por un sistema que te rompe por fuera y por dentro

Capítulo 1 Primera estación: el dolor. En el Chocó como en tantos otros rincones abandonados por este país un quebranto de salud puede convertirse en un asunto de vida o muerte. Vengo para contarles que sobreviví. Podría decir que fui una víctima, pero no voy a narrarlo desde ahí; quiero contarlo desde adentro, desde mis entrañas, tal como lo viví, pues, aunque lo sufrí y estuve en grave riesgo, reconozco que una parte de mí me condujo a todo eso y más adelante lo explicaré. Aun así, ante un malestar, un quebranto de salud, un dolor, el sistema de salud tiene una responsabilidad que debe cumplir a cabalidad y a mi parecer no lo hizo. Comienzo por decirles que me rompí por dentro, con previo aviso, y como no hice caso, el dolor vino a hacer su trabajo. El siete de marzo en horas de la mañana comencé a sentir un malestar estomacal leve, a medio día incrementó.  En la tarde el malestar se vistió de dolor, y en la noche ya era un asunto insoportable. Decidí consultar por urgencias; me había resistido desde temprano porque subestimé lo que el dolor me estaba anunciando. Avisé por el chat a dos amigas, – chicas tengo un dolor insoportable, me voy para urgencias-. Llamé un taxi y le dije a Marcus, mi hijo de 12 años, que esperara a la tía (una prima que vive con nosotros) mientas iba a urgencias y ya regresaba. Llegué al servicio de urgencias en Confyr, la IPS en la que se atiende a los usuarios de Sanitas EPS.  Mi amiga Janeth Terán acudió para acompañarme...